miércoles, 26 de junio de 2013

Una frágil libertad*


Desde que el aterrado filósofo Soren Kierkegaard, padre del Existencialismo, proclamara la libertad del individuo como fundamento de su filosofía y, al hacerlo, concediese a la humanidad la quimera que durante tanto tiempo, milenios, me atrevería a decir, había anhelado, no se ha hecho otra cosa que intentar coartar tan precioso regalo. 

Por ejemplo, durante aquellos días difíciles de la Segunda República aquí, en España, cuando el alzamiento o hundimiento, según cómo se mire. Una frágil libertad intentaba abrirse camino por estas tierras tan reacias a las izquierdas en política, quién sabe si por ignorancia o por el perenne caciquismo. Y, de hecho, casi lo consigue. Lo habría logrado, si se hubiera tratado de un combate cuerpo a cuerpo. Con puños y uñas. Libertarias (1996) del director catalán Vicente Aranda se adentra en esta etapa crucial de la historia española y nos habla de esa búsqueda desesperada de la libertad, encarnada en las mujeres anarquistas, quienes comprendieron que o participaban en la revolución o sus derechos serían olvidados. Así pues, exigieron una revolución propia, porque sabían que de no ser así, las cosas seguirían como siempre. Tal y como asevera Pilar (Ana Belén) en una asamblea al comienzo del filme:

“No entendemos por qué la revolución tiene que correr a cargo de la mitad de la población solamente. Somos anarquistas, somos libertarias, pero también somos mujeres y queremos hacer nuestra revolución. No queremos que nos la hagan ellos. [...] Queremos poder pegar tiros para poder exigir nuestra parte a la hora del reparto.”


Teniendo en cuenta el contexto del filme, Vicente Aranda construye algo sumamente difícil: una comedia, amarga, pero comedia al fin y al cabo. Una película coral que consigue un fiel retrato de la atmósfera anarquista del momento con personajes tan variopintos como la monja María (Ariadna Gil), que debe abandonar su convento al estallar la insurrección, uniéndose por esas casualidades de la vida al grupo de mujeres anarquistas, y que pasa de repetir cual papagayo los versículos de la Biblia a hacer otro tanto con las palabras de Kropotkin; Floren (Victoria Abril), anarquista, espiritista y coja, era tejedora hasta que puso una librería en Barcelona; Charo (Loles León) la prostituta que cuelga los hábitos y se enfunda el fusil por y para la revolución; el excura (Miguel Bosé), personaje verídico e íntimo de Durruti, quien se aleja de la revolución, no se sabe si por firme convencimiento o por necesidad.

Incluso el reloj, símbolo del alma libertaria del obrero (José Sancho), que sigue andando aún después que éste haya muerto en batalla. Es esta tela de araña de personajes tan diversos, en ocasiones incluso esperpénticos, la que otorga, irónicamente, veracidad al filme. Pura anarquía. Cada individuo es único y libre y, a pesar de ello, todos y cada uno se funden en un mismo propósito: la Revolución y la Libertad, esa idea tan estrechamente unida al anarquismo. Para las mujeres anarquistas del filme Revolución y Libertad implicaban también una justicia social. Los tres términos eran, de hecho, indisolubles entre sí.


Al tratarse de una película que aborda las primeras semanas del conflicto, los personajes aparecen llenos de fuerza e ilusiones. Las milicianas tienen fe ciega en la victoria final. Sin embargo, la utopía empieza a alejarse de ellas poco después de estallar la revolución. Se prohíbe a las mujeres la participación en el campo de batalla y se las relega a la retaguardia. El final fatídico y atroz del filme representa asimismo el fin de toda esperanza libertaria para las mujeres. El comienzo de la derrota, en el que las ilusiones y las esperanzas de un mundo más libre y más justo no sólo se vieron truncadas durante los casi cuarenta años de dictadura franco-fascista, sino que fueron borradas del mapa, paulatinamente, después de ésta.

La clase trabajadora se metamorfoseó en alma, creyéndose burguesía. Totalmente endeudada, pero con todo tipo de lujos y comodidades. Y perdió de este modo todo vestigio de conciencia social. El orgullo de pertenecer al proletariado se había disipado hasta tal punto, que ni siquiera aparecía en los libros de historia. Maite (Eva Isanta) y Amador (Pablo Chiapella), los “Cuquis” de la ya mítica serie de televisión La que se avecina, vivían felices en una de esas urbanizaciones de alto standing, hoy en día tan características del paisaje español como los toros de Osborne. Muy lejos les quedaba aquella España dispuesta a luchar con la propia vida por la libertad y la dignidad humana. Los “Cuquis” tenían todo lo que podían soñar, eso sí, previo contrato hipotecario, microcrédito o bien pidiéndole el dinero a algún amigo. Qué más daba, si podían decir a los vecinos “nosotros podemos [permitírnoslo].” Amador y Maite, paradigma del quiero y no puedo tan típicamente español, desoyeron las advertencias que les espetaba a grito pelado la vecina de enfrente: “¡Muertos de hambre, acabaréis bajo un puente!” Y así fue. En el décimo episodio de la sexta temporada de la serie este par de españolitos acaban con su bajo con jardín subastado por el banco, con una deuda pendiente y con una mano delante y otra detrás. Más pobres que el proletariado de comienzos del siglo XX, que aunque no tenía nada, tampoco debía nada. 




* Artículo publicado en la revista de cine Versión Original 

lunes, 4 de marzo de 2013

Margo al desnudo*




Una fiesta es sinónimo de celebración por algún motivo concreto o tradición. El jolgorio de las fiestas del pueblo, aquellos días en los que el desenfreno aborda los villorrios y a sus paisanos. Las fiestas de inauguración, donde entre cócteles, champagne y emoción, se espera que un nuevo proyecto llegue a buen puerto. La alegría de los cumpleaños, en los que sin ser consciente de ello se celebra estar vivo un día más. El fin de año, que despide al que acaba y le da la bienvenida al que viene, a lo grande: cubatas de garrafón, cotillones de los chinos y, si no tenemos cuidado, las uvas de la UVI. Pero la fiesta que nos ocupa empezará con turbulencias y acabará como el rosario de la aurora.
La fiesta en honor a Bill Sampson (Gary Merrill) en Eva al desnudo (All about Eve, 1950) de Joseph L. Mankiewicz – a quien no sólo le debemos la  dirección, sino también el guión -, es, sin duda, una de las más memorables de la historia del cine. Tal y como dice Margo Channing (Bette Davis), anfitriona víctima y verdugo de la fiesta, justo antes de que ésta empiece: “abróchense los cinturones, esta noche vamos a tener tormenta.”
En efecto, hubo tormenta y no pudo ser de otro modo. Una fiesta repleta de sospechas, intrigas, miedo y alcohol, que lo desencadenará todo: emociones, inseguridades, que revelará verdades inconfesables y frustraciones tan incontrolables como patentes. “La fiesta de cumpleaños y de bienvenida de Bill, una noche que pudo pasar a la historia. Antes de que empezara la fiesta ya olía yo la tormenta en el aire. Lo sabía, lo presentía, mientras acababa de vestirme para aquella condenada fiesta”, recuerda Margo.
Una fiesta que fue posible en el cine – entre otras cosas, por supuesto - gracias al momento en que fue concebida, ya que tal y como afirmó el propio Mankiewicz en una entrevista en 1987: “Creo que hoy Eva al desnudo no se podría financiar. [...] A muchos productores les he preguntado si hoy financiarían aquellas películas, y me han contestado que no.”[1] Una fiesta tan brillante, como su guión, uno de los mejores de la historia del cine, que Bette Davis definiría como “la obra de un genio”[2]. Algo digno de mención, ya que la actriz solía hacer anotaciones en los guiones e incluso rescribirlos. De All About Eve no tocó ni una coma.

Margo bebiendo

La fiesta da comienzo en la intimidad de la habitación de Margo. Ella se abrocha una pulsera de diamantes frente al espejo. Su vestido también está desabrochado y nos muestra su espalda desnuda, indicio que revela sutilmente lo que va a acontecer, porque será Margo y no Eva, la que quedará al desnudo.
La fiel ayudante de Margo, Birdie Coonan (Thelma Ritter), le sube la cremallera de su vestido y conversa jocosamente con ella, mientras Margo bebe su primer Martini. La alegría dudará poco: Bill ha llegado a casa hace cosa de media hora y, en lugar de ir al encuentro de Margo, se ha quedado en el salón con Eva, hablando. Las sospechas sobre la taimada Eva se confirman. Margo baja las escaleras como una chiquilla, veloz e insegura, muerta de curiosidad por saber o ver lo que acontece en el salón. En los últimos escalones, sin embargo, aminora su marcha y cambia la expresión de su rostro en afabilidad. Se dirige hacia Bill y Eva, quedando ésta entre los dos enamorados. Mankiewicz nos muestra este cuadro con un plano americano extremadamente teatral – los tres personajes de perfil, Bill a la izquierda, ligeramente más cercano a la cámara, y las dos mujeres en el mismo plano, frente a frente -. Margo no podrá evitar el torrente de emociones y miedos que le provoca la imagen de Eva hablando con Bill. La joven Eva y el joven Bill – la fiesta de cumpleaños sirve para enfatizar la diferencia de edad, que tanto teme la actriz - frente a una Margo que ha entrado en la madurez. Sus dotes de interpretación nada podrán, porque Margo es incapaz de actuar en su vida privada, de esconder sus sentimientos. Vulnerable, se deja arrastrar por el alcohol, que la acompañará al principio de la fiesta como un fiel amigo para traicionarla después como hará Eva.
Margo bebe un Martini detrás de otro. Las primeras copas le sientan bien y, a pesar de que sus amigos más cercanos sospechan que algo se está cociendo. El dramaturgo Lloyd Richards (Hugh Marlowe) indica que la atmósfera es “muy macbethiana” y su mujer, Karen (Celeste Holm), íntima amiga de Margo, le pregunta: “¿qué ha pasado o qué va a pasar? Te conocemos, te hemos visto así otras veces: ¿Ha terminado o acaba de empezar?” Margo responde siempre de forma ingeniosa. No obstante, el alcohol acaba minando la confianza y firmeza de la actriz. No tardamos en encontrarla sentada al piano junto al pianista. Margo agarra su copa de Martini y la mira fijamente, como si en el fondo de ésta se encontrara su única esperanza. El pianista toca una y otra vez, a instancias de una Margo completamente vencida, la misma melodía, “Sueño de amor”, aquella que suena días más tarde en la radio del coche y que Margo condena con un “detesto el sentimentalismo.” Birdie, su ayudante, se acerca a ella con expresión de preocupación y le ofrece una taza, que sobrentendemos contiene café y que Margo rechaza, metiendo en ésta la aceituna de su Martini.  
Del piano nos lleva Mankiewicz a la cocina, donde la actriz le pregunta a Richards por la edad de la heroína de su nueva obra, papel que ella debe representar. Otra veinteañera. Pero Margo ya no es una veinteañera, ni siquiera una treintañera, sino que ha cumplido los cuarenta. “Es hora de que empiece a ser importante [la edad]. Es una confesión que jamás pensaba hacer. Ahora me siento como si estuviera desnuda de repente”, confiesa una Margo cada vez más débil y borracha.
Pero lo peor está aún por llegar. Margo se encara a Eva frente a los demás invitados, que se ponen de lado de una Eva indefensa, inocente y sumamente servil, defendiéndola y recriminando la actitud de diva de Margo, que tras reconocer su derrota, hace mutis por el foro, escaleras arriba. Bill la sigue. El incisivo crítico teatral Addison De Witt (George Sanders), que no había sido invitado a la fiesta por ser persona non grata, concluye: “Lástima, nos vamos a perder el tercer acto. Se representa fuera del escenario.” Con Margo y Bill en su habitación, termina la fiesta. No acabarán, al menos de momento, las sospechas, las inseguridades y las intrigas. 


*Artículo publicad en la revista de cine Versión Original


[1] Riambau, Esteve: Mankiewicz en Venecia, en Nosferatu, Revista de Cine 38, Noviembre 2001, página 128
[2] Según Rob Moseley, biógrafo de Bette Davis en Farinola, Michele y Freedman, Mimi: Inicios: Eva al desnudo (Backstory All About Eve, 2000)

viernes, 24 de agosto de 2012

Diario apócrifo de Ana Frank* por Juan Soto Viñolo y Carmen Lloret


23 de marzo de 1945


Esta mañana he conseguido reunir fuerzas suficientes para levantarme de la cama. He dejado a Margot tendida en la cama, su rostro dibujaba una sonrisa en los labios. Parecía feliz, pero en realidad tan sólo era el producto del delirio. Al salir del barracón la luz me ha quemado mis débiles ojos. Pero me he sentido reconfortada por la tenue brisa. Sin embargo, pronto un escalofrío me ha recorrido el cuerpo. Es marzo. Y aquí, en Bergen-Belsen, el invierno parece que no se acaba. Me he dirigido rápidamente hacia la alambrada del campo de los libres, con la esperanza de que alguien me lanzara un paquete de comida para mí y mi hermana. La gente del campo de los libres es buena y a veces nos dan algo para comer a nosotros, restándoselo a ellos. He estado esperando unos veinte minutos frente a la alambrada. Helada de frío. Y entonces ha llegado Rachel, que me ha entregado un paquete con un mendrugo de pan y un par de zanahorias medio podridas, lo que se puede considerar un manjar, en comparación con lo que hemos estado comiendo (o, más bien,  repelando) las últimas semanas. Me he ido corriendo de nuevo al barracón. Y al abrir el paquete me he percatado de que los alimentos estaban envueltos en papel y que dentro, junto a la comida, había un pequeño lápiz y una nota que decía: “Ana, escribe”. Al parecer, Maria se había quedado fascinada con las historias que le había contado y se las arregló para hacerme este maravilloso regalo. Me he emocionado tanto que he roto a llorar, recordando los días felices en que escribía mi diario en la casa de atrás. Cuando el hastío de la rutina y el silencio no me permitían valorar la vida. Margot se ha dado cuenta y ha bajado de la cama como ha podido, balanceándose. Se lo he contado todo y ha sonreído. No sé hasta qué punto ha comprendido mis palabras. Le he dado algo de comer y después la he ayudado a subir de nuevo a la cama. Me he acurrucado en un rincón y he empezado a escribir.


27 de marzo de 1945

Mucho ha transcurrido desde aquel luminoso día de agosto en que el sueño se desvaneció. La incertidumbre dio paso a la certeza. Kluger abrió la puerta, subió las escaleras y dijo con voz queda: “La Gestapo está aquí”. Ahora éramos verdaderos prisioneros Pensé que se me venía el mundo encima y, en cierto sentido, era verdad. Nos dejaron apenas una hora para recoger nuestras pertenencias y luego nos llevaron al cuartel general de la Gestapo en Euterperstraat, donde nos interrogaron. Después tuvimos ocasión de despedirnos de Kluger y Kleiman. No miento al decir que los Frank estábamos consternados por lo que les podía suceder a nuestros amigos, que durante más de dos años habían cuidado de nosotros arriesgando su vida. Que estaban allí, arrestados, por nosotros. Tres días después nos trasladaron al campo de Westerbork. El viaje fue apacible. Nos dieron algo de comida y agua. Estábamos juntos y eso era lo importante. Me dio la sensación de que íbamos de excursión. Durante el viaje me entretuve mirando el paisaje. Llegamos a Westerbork al día siguiente. En seguida nos identificaron, nos dieron monos azules con parches rojos en los hombros y unos zuecos de madera. La vida en el campo era algo dura. Nosotros, los judíos convictos (así era como nos llamaban por habernos ocultado de los nazis durante la guerra, qué ironía) debíamos realizar trabajos más duros que los demás y nos entregaban menos comida.  Pero a pesar de todo, la esperanza de la liberación nos hacía fuertes.  Mi padre me acompañaba siempre que le era posible, reconfortándome con sus palabras. Sin embargo, no pasó mucho tiempo, cuando nos incluyeron en la lista de los presos que debían ser trasladados al este. Ninguno conocíamos con certeza el destino final. No obstante corrían rumores. Auschwitz
Cientos de personas subimos a ese tren. Cada uno iba cargado con una mochila con las pocas pertenencias que poseía y una manta. En el vagón reinaba la oscuridad y un hedor insoportable me recorría las fosas nasales. Hacía mucho frío. Me abracé a mi padre. Sonó el silbato. La gente se quedó en silencio. El tren se puso en marcha y empezaron los sollozos, que se prolongaron hasta la llegada al campo de exterminio. Finalmente, tras tres días de viaje el tren se detuvo. Se abrió la puerta y  escuchamos cómo los soldados golpeaban los vagones con las culatas de los rifles gritando: “¡Juden, raus, schnell!”. Esa fue la última vez que vi a mi padre. Ahora sé que está muerto.


1 de abril de 1945

Margot está cada día peor. Tiene tifus, igual que yo. Los piojos se nos comen vivas. Rachel, mi amiga, me advirtió que no nos trasladáramos al barracón de los enfermos. Pero aquí, a veces, se está caliente y tranquilo. Los lamentos de la gente se desvanecen y hay momentos en que olvidamos dónde estamos. Y nos dormimos con la esperanza que al despertar la pesadilla se haya esfumado.

                       
7 de abril de 1945

 En Auschwitz nos separaron de nuevo. Mi madre no logró estar entre los seleccionados para el traslado a Bergen-Belsen. Sólo Margot y yo. Ya estará muerta. Vi cómo metían a la gente en los barracones, oí los gritos de auxilio que duraron varios minutos y vi cómo los sacaba después y los llevaban a los crematorios. No puedo pensar ni por un segundo que es eso, lo que le ha sucedido a mi querida madre. Desde que nos encontraron hemos sufrido miles de humillaciones. Vi a Mengele y sentí un pánico indescriptible. Corren historias de lo que le hace a la gente. Para él sólo somos mercancía. Cuando salgo del barracón ya no distingo a seres humanos, son como fantasmas sin voluntad. Es una suerte que aquí no hayan espejos, de ser así la gente se suicidaría. Aquí todos estamos enfermos. Y tenemos que convivir con los muertos, que yacen apilados unos encima de los otros. Dándonos su cruel testimonio. Quién sabe cuánto tardaremos en estar entre ellos.


 * Publicado en Jano, revista de medicina y humanidades



                                                            

viernes, 15 de junio de 2012

Entrevista sobre la tragedia "Joana Niemand

Entrevista sobre la obra dramática"Joana Niemand", cuya premiere tendrá lugar el próximo día 19 de junio en Barcelona. ¡No os la perdáis!

Otras Inquietudes: "JOANA NIEMAND": Entrevista a Carmen Lloret

http://ruidodefondo101.blogspot.com.es/2012/06/otras-inquietudes-joana-niemand.html?spref=fb

martes, 3 de abril de 2012

Peligro nuclear en Lituania (junio de 2002)

El pasado 30 de mayo vi por televisión un documental sobre la central nuclear de Ignalina en Lituania. En el documental se barajaba la posibilidad del cierre, dadas las condiciones en que se encontraba el estado de la central. A pesar de que el lugar donde se iba a emplazar la central se asentaba sobre tres fallas, y que en la zona se habían registrado movimientos sísmicos con anterioridad, el gobierno (consciente de todo ello), no vaciló un instante y en vez de situar la central a unos dos kilómetros, donde el riesgo de un seísmo no era tan grande, se decantó por un sistema de predicción de seísmos que alertara a la central, cuyo coste económico era mucho menor que un nuevo emplazamiento. Actualmente el desmantelamiento de la central es una opción, pero el gobierno actual la descarta hasta 2009, dado que representa un coste demasiado elevado y no se lo puede permitir hasta entonces. La central proporciona el 60% de la electricidad de Lituania, de ser desmantelada deberían arroparse en energías alternativas, pero esa no es una buena opción según el gobierno.¿Por qué habría de serlo? ¿Por qué apostar por energías limpias y no contaminantes y menos peligrosas? ¡Qué disparate! De nuevo, nos encontramos con que el dinero pesa mucho más que la seguridad de los ciudadanos. Seguramente cuando se nos venga encima otro Chernobil el presidente del gobierno lituano Valdas Adamkus y sus secuaces tendrán en las manos un billete de avión con un destino muy lejano.

***

3 de abril de 2012

La central de fue cerrada el 31 de diciembre de 2009. Afortunadamente, no se produjo una catástrofe nuclear en Ignalina.

Nueve años después, la central de Fukushima (Japón) sufre varias explosiones y fugas debidas al terremoto y maremoto del 11 de marzo de 2011.

El accidente nuclear es equiparable a Chernobil.

martes, 27 de marzo de 2012

DÍA MUNDIAL DEL TEATRO

En el día mundial del teatro, (n)os deseamos muchas felicidades y más teatro. Por ello, ponemos a disposición del público la tragicomedia “La hipoteca de nuestra vida”, completa, online y real como la vida misma: http://lahipotecadenuestravida.blogspot.com.es/2012/03/tragicomedia-en-tres-actos-la-hipoteca.html